Viernes 23 de Abril: Juan 6, 52-59
¿Cómo puede darnos a comer su carne? ... ¿Y qué más puede darse después de haberlo dado todo?
Jueves 22 de Abril: Juan 6, 44-51
A veces creemos que es cerrando los ojos y oyendo una voz, como si fuéramos esquizofrénicos, que nos instruye el Señor. La mayoría de las veces, y me perdonan este atrevimiento, lo que oímos es nuestra propia voz y pensamos o decimos que es la del Señor. Dejarnos instruir por el Señor es dejarnos instruir por los hermanos en quienes debemos reconocerlo. Pero no en cualquiera. Está en los que sufren y en los que realmente amamos y nos aman, en los que nos cuestionan y nos corrigen, no en los que nos adulan y tampoco en los que nos manipulan y nos oprimen. Está en los que compartimos el pan y en los que debiéramos invitar a nuestra mesa. En los que esperan un pedazo de nuestro pan y nos comparten del suyo. Los dejamos con la receta de José Alejandro Castaño, nuestro “Josepán” del Doce de Octubre, hoy escritor y periodista muy galardonado, quien por unos meses hace parte de nuestro Carmelo de vida en Manizales:
Miércoles 21 de Abril: Juan 6, 35-40
“Yo soy el Pan que da la vida. Si me permiten estar con ustedes les aseguro que no pasarán hambre. Ya les enseñe cómo se realiza el milagro. ¿Recuerdan las dos veces que hubo comida para tantos, la multiplicación de los panes que ustedes llaman? Todo fue el compartir, sentados en grupitos, como están ahora ustedes en sus casas. Compartan todo, sus cualidades, sus dones, verán que alcanza para todo y para todos. Símbolo es la comida que comparten cada día. Más explícito aún, el pan amasado en casa de vez en cuando o regularmente, que comen en mi nombre, en memoria de la Última Cena. Así tendrán más vida, vida en abundancia”. Hoy les dejamos la receta para el pan que nos comparte nuestra amiga Constanza, una nieta del Maestro Agelvis, abogada que siempre ha ofrecido sus servicios a nuestra familia carmelita y ahora también sus saberes culinarios:
Martes 20 de Abril: Juan 6, 30-35
Comienza el largo discurso del Pan de Vida. Desde hoy martes y hasta el sábado Jesús nos hablará en el Evangelio de que él es el pan bajado del cielo, de que él se hace pan y que nosotros debemos alimentarnos de Él para tener vida y vida eterna. Desde principios del año, especialmente en nuestras Eucaristías dominicales, hemos venido hablando y tratando de vivir el Ágape, esa comida que compartían los cristianos de las primeras comunidades. La palabra ágape deriva del griego y significa amor o afecto. Entre los primeros grupos de cristianos se empleaba para referirse a la comida comunitaria que llevaban a cabo a fin de unir más a las personas en nombre del Señor, recordando la Última Cena. Para que todo esto no se nos quede en teoría, sino que sea cada vez más una realidad comunitaria, vamos a compartir en estos días unas recetas sencillas para hacer pan en nuestras casas, ofrecidas por algunos hermanos de nuestra familia carmelita, para que al finalizar nuestras Eucaristías dominicales, o en cualquier ocasión, compartan ese pan artesanal amasado en casa, en memoria del Señor Jesús. Les aseguro que sabe mejor y nos hace más familia. Aquí les dejamos la receta de pan que nos comparte hoy mi primo Pedro Federico, gran chef y excelente persona, tal como lo hace regularmente en su casa:
Lunes 19 de Abril: Juan 6, 22-29
El Evangelio que acabamos de oír es continuación de el del sábado, cuando después de la multiplicación de los panes los discípulos regresaron, y atravesando el lago de noche, les cogió la tormenta, y llenos de miedo se sintieron solos. Recuerdan? El pueblo que había comido, también se extrañó de que Jesús no se hubiera marchado con los discípulos habiendo una sola barca, y que al otro día hubiera aparecido también en la otra orilla. El siguiente video puede ayudarnos a entender esa aparente ausencia de Jesús: https://youtu.be/Xn56VbhTmEA
Domingo 18 de Abril: Lucas 24, 35-48
Hace diez días, el jueves 8 de Abril, nos habíamos topado con este mismo Evangelio. Les recuerdo algo de lo que reflexionamos entonces, y acabaremos con una bonita sugerencia que nos hace el Papa Francisco. “¡Les traigo la paz!” les dijo el Señor, y enseguida les mostró las cicatrices en sus manos y en sus pies. La vida nueva lleva cicatrices. La paz, que es vida nueva, fruto del deber cumplido y de muchas luchas, lleva cicatrices. Son parte esencial de la memoria histórica, de esos relatos que narran la superación de situaciones extremas y que mantienen una coherencia vital entre la persona que lo cuenta y la que sobrevivió a la represión. Jesús, después de mostrarles sus cicatrices les insinuó que comieran juntos. Y en esa nueva cena llena de memoria como la de Emaus, les abrió los ojos”. El Papa Francisco, en su Encíclica Laudato si, nos nvita a renovar la costumbre de bendecir la mesa antes de las comidas: “ Propongo a los creyentes que retomen este valioso hábito y lo vivan con profundidad. Ese momento de la bendición, aunque sea muy breve, nos recuerda nuestra dependencia de Dios para la vida, fortalece nuestro sentido de gratitud por los dones de la creación, reconoce a aquellos que con su trabajo proporcionan estos bienes y refuerza la solidaridad con los más necesitados”. Amén, así sea.
Sábado 17 de Abril: Juan 6, 16-21
¿Recuerdan esta parábola anónima? Una noche soñé que caminaba por la playa con Dios. Durante la caminata, muchas escenas de mi vida se iban proyectando en la pantalla del cielo. Con cada escena que pasaba notaba que unas huellas de pies se formaban en la arena: unas eran las mías y las otras eran de Dios. A veces aparecían dos pares de huellas y a veces un solo par. Esto me preocupó mucho porque pude notar que, durante las escenas que reflejaban las etapas más tristes de mi vida, cuando me sentía apenado, angustiado y derrotado, solamente había un par de huellas en la arena. Entonces, le dije a Dios: “Señor, Tú me prometiste que si te seguía, siempre caminarías a mi lado. Sin embargo, he notado que en los momentos más difíciles de mi vida, había sólo un par de huellas en la arena. ¿Por qué, cuándo más te necesité, no caminaste a mi lado?” “Querido hijo: Yo te amo infinitamente y jamás te abandonaría en los momentos difíciles. Cuando viste en la arena sólo un par de pisadas es porque yo te cargaba en mis brazos…”. Algo de esto hubo de pasar por la mente de los discípulos en el evangelio de hoy. Recién acababan de participar de la multiplicación de los panes, todos tan contentos y Jesús con ellos, y ahora de regreso, atravesando el lago y de noche, con el viento contrario y el mar embravecido, Jesús parecía que no había querido estar con ellos. Sin embargo iba a su lado, cuidándolos, y cuando se dieron cuenta y quisieron que subiera a la barca, ya habían tocado tierra en el lugar a donde iban.
15 de Abril
En estos últimos tres días hemos estado reflexionando los diálogos que el Señor tuvo con Nicodemo, en los que nos invita a rehacernos, a nacer de nuevo. Esta hermosa canción de Schwenke y Nilo puede ayudarnos también a comprender lo que significa https://youtu.be/sknH2fs_ZDU
Miércoles 14 de Abril: Juan 3, 16,21
Nunca le habló el Señor tanto a nadie como a Nicodemo. Probablemente sí a la Magdalena, pero ese es otro personaje y otro cuento. Nicodemo somos tú y yo, somos nosotros. “Todo se reduce, hermanos - nos dice el Señor - a que no profanen más el nombre de mi Padre, porque mi Padre es Amor. Si les produce miedo, si creen que me mandó a condenar, ese no es mi Padre, ni el que lo dice soy yo. Tanto los ama que me mandó a sacrificarme por ustedes y por eso yo me sacrifico. Eso es todo, Nicodemo. Y no lo olvides nunca, mi Padre - y yo soy su transparencia - no es un Dios ávido de sacrificios y de ofrendas, sino de verdad y de justicia”. Solo nos queda decir con el salmista: “Crea en mí, oh Dios, un puro corazón, renuévame el espíritu. Devuélveme la alegría de tu salvación” .... ¿Quedamos, Nicodemo?
Martes 13 de Abril: Juan 3, 7b-15
Nicodemo, Nicodemo, Nicodemo eres tú y soy yo, los que creemos que sabemos tanto y no entendemos mucho. Los que hacemos tantas veces de maestros y olvidamos que moriremos aprendices. ¿Cómo oír la voz del viento? ¿De donde viene y a dónde va? ¿Y los rumores? ¿Quién los produce y a dónde quieren llevar? “Nicodemo, Nicodemo - nos dice el Señor- hay que pensar mucho, orar mucho, velar mucho, sufrir mucho, creerle a los pequeños, a los humildes, abrir los ojos, intentar mirar desde los míos, desmenuzarlo todo, saber admirarte y rescatar lo bello, cuidar el trigo, emocionarte ante la resistencia del que sufre, la sonrisa de un niño y la belleza de un botón de rosa. Eso es renacer, hermano. Nunca sabrás exactamente qué es, ni el cómo ni el cuándo...pero eso es”.
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