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Lunes 12 de Abril: Juan 3, 1-8Lunes 12 de Abril: Juan 3, 1-8

 Si no hay vida nueva, no hay Pascua. Hay que renacer de nuevo. Es cierto. Nicodemo se quedó pensativo y luego, más entrada la noche, en la cama, cuando apagó el candil y le llegó la hora de la verdad, ese momento en que se siente la soledad y los dolores parecen agudizarse, experimentó un temblor y le vino un pensamiento que le produjo miedo: ¿cómo nacer de nuevo, sin haber muerto antes? ...Nunca más logró quitarse ese pensamiento que lo inquietaba tanto. Por eso cuando crucificaron al Señor, el que le había dicho eso de renacer de nuevo, obtuvo el permiso para retirar su cuerpo y darle sepultura. Pasó esa noche en vela, escondido y mirando hacia el sepulcro, esperando el renacer,  y no pasó nada. Siguió allí todo el día y llegada la noche el sueño lo venció. Despertó con el alboroto de las mujeres y los soldados ante la tumba vacía. Hubo de creerle el cuento a la Magdalena, y desde entonces supo oír la voz del viento, lo que era renacer de nuevo, renacer del Espíritu. Si no hay vida nueva, no hay Pascua. Hay que renacer de nuevo. Es cierto. Nicodemo se quedó pensativo y luego, más entrada la noche, en la cama, cuando apagó el candil y le llegó la hora de la verdad, ese momento en que se siente la soledad y los dolores parecen agudizarse, experimentó un temblor y le vino un pensamiento que le produjo miedo: ¿cómo nacer de nuevo, sin haber muerto antes? ...Nunca más logró quitarse ese pensamiento que lo inquietaba tanto. Por eso cuando crucificaron al Señor, el que le había dicho eso de renacer de nuevo, obtuvo el permiso para retirar su cuerpo y darle sepultura. Pasó esa noche en vela, escondido y mirando hacia el sepulcro, esperando el renacer,  y no pasó nada. Siguió allí todo el día y llegada la noche el sueño lo venció. Despertó con el alboroto de las mujeres y los soldados ante la tumba vacía. Hubo de creerle el cuento a la Magdalena, y desde entonces supo oír la voz del viento, lo que era renacer de nuevo, renacer del Espíritu. 

Domingo 11 de Abril, SEGUNDO DOMINGO DE PASCUA O DE LA DIVINA MISERICORDIA: Juan 20, 19-31

 Hace cuatro años el Papa Francisco nos hablaba de este Domingo:  “En la tradición de la Iglesia, este domingo, el primero después de la Pascua, se denominaba ‘in albis’. ¿Qué significa esto? Esta expresión se proponía evocar el rito que cumplían cuantos habían recibido el bautismo en la Vigilia de Pascua. A cada uno de ellos se les entregaba una túnica blanca – ‘alba’ – ‘blanca’, para indicar la nueva dignidad de los hijos de Dios. Aún hoy se sigue haciendo, a los recién nacidos se les coloca una pequeña túnica simbólica. Aquella túnica blanca, en el pasado, se llevaba puesta durante una semana, hasta este domingo, cuando se la quitaban y así comenzaban una nueva vida. De ello deriva el nombre ‘in albis deponendis’, que significa el domingo en el que se quitaba la túnica blanca”.  Pero él Papa también se refirió al Domingo de la Misericordia”  “En el Jubileo del año 2000, San Juan Pablo II estableció que este domingo se dedicara a la Divina Misericordia. El Evangelio de hoy es la narración de la aparición de Cristo resucitado a los discípulos reunidos en el cenáculo. Escribe San Juan que Jesús, después de haber saludado a sus discípulos, les dijo: «Como el Padre me envió a mí, yo también los envío a ustedes». Al decirles esto, sopló sobre ellos y añadió «Reciban al Espíritu Santo. Los pecados serán perdonados a los que ustedes se los perdonen». He aquí el sentido de la misericordia que se presenta justo el día de la resurrección de Jesús como perdón de los pecados. Jesús Resucitado ha transmitido a su Iglesia, como primera tarea, su misma misión de llevar a todos el anuncio concreto del perdón”. La misericordia “abre la puerta de la mente”, pues bajo su prisma se comprende mejor el misterio de Dios, y abre “la puerta del corazón”, porque nos vuelve al prójimo”. El Papa concluyó, diciendo que la misericordia “nos compromete a todos a ser instrumentos de justicia, de reconciliación y de paz. Nunca olvidemos que la misericordia es la clave en la vida de fe y la forma concreta con la que damos visibilidad a la resurrección de Jesús”.   No olvidemos, me atrevo a decirles, que esto último es más importante y milagroso que la “Coronilla” 

Sábado 10 de Abril: Marcos 16, 9-15

 ¿ A quién se debe comunicar primero una buena noticia? ¿Al más interesado y a los más tristes, verdad? Por eso fue a la Magdalena, la que tanto lo amaba y a los dos que tristes y atemorizados huían de Jerusalén a Emaús. Pero los discípulos,  que se creían con más derecho, no les creyeron. ¿Recuerdan lo que los fariseos le dijeron al ciego que había recuperado su vista y que daba testimonio de que Jesús era un profeta? "No eres más que pecado desde tu nacimiento, ¿y pretendes darnos lecciones a nosotros?» Y lo expulsaron."  Pues los discípulos no le creyeron a la Magdalena por pecadora y a los dos del pueblo por chusma. Pablo escribirá a los Corintios: "Dios ha elegido lo que el mundo considera necio para avergonzar a los sabios, y ha tomado lo que es débil en este mundo para confundir lo que es fuerte. Dios ha elegido lo que es común y despreciado en este mundo, lo que es nada, para reducir a la nada lo que es." Y entonces, cuando vio a los once reunidos alrededor de la mesa, se les apareció, les reprochó su falta de fe y el ser tan brutos, creídos y obstinados, por no haber creído a la pecadora y a los sencillos hijos del pueblo, y  los mandó a predicar ya mansitos y humildes, con el rabo entre las piernas. 

Viernes 9 de Abril: Juan 21, 1-14

  Estoy recordando a la mamá de Serafín , un niño ciego con el oído más fino del mundo que fue mi amigo cuando  hace muchos trabajé como voluntario en el Instituto de niños ciegos en Bogota. Su papá había muerto atropellado por un bus en Silvania, un pueblo a una hora de la capital. Fuimos al funeral, y al acabarlo, su mamá  cargó a la hermanita menor de Serafín que nunca había llegado a caminar, como Serafín nunca  a ver; cogió a Serafín con la otra mano y se los llevo por un estrecho camino para el campo, ella a seguir trabajando porque los animalitos que le daban sustento habían quedado solos y las faenas de la cosecha no daban espera. Los discípulos, aunque estaban tristes y decepcionados, como todo pobre que se respete, como la mamá de Serafín, tampoco pudieron hacer mucho luto - quizás sea un lujo burgués- y les tocó volver a pescar, a buscar el pan de cada día. Pero allí llegó Jesús, improvisó un desayuno y una mesa, ¡de nuevo  la mesa!, y les abrió los ojos. Era en la vida ordinaria , ganándosela, no viviendo de rentas, donde debían ser testigos. 

Jueves 8 de Abril: Lucas 24, 35-48

 Leo en la página de un cirujano plástico honesto (omito el nombre porque no se trata de hacer propaganda): “Es indispensable  no dejar que las personas se hagan falsas expectativas, o que por culpa de inescrupulosos se ilusionen con imposibles e inalcanzables resultados, como de hecho es decirles que las cicatrices se borran o que después de una lesión traumática y de la utilización de un producto milagroso, altamente promovido en televisión desaparecen. Lo único que les quedará, además de la cicatriz, será otro mal recuerdo.” “¡Les traigo la paz!” les dijo el Señor, y enseguida les mostró las cicatrices en sus manos y en sus pies. La vida nueva lleva cicatrices. La paz, que es vida nueva, fruto del deber cumplido y de muchas luchas, lleva cicatrices. Son parte esencial de la memoria histórica, de esos relatos que narran la  superación de situaciones extremas y que mantienen  una coherencia vital entre la persona que lo cuenta y la que sobrevivió a la represión. Jesús, después de mostrarles sus cicatrices les insinuó que comieran juntos. Y en esa nueva cena llena de memoria como la de Emaus, les abrió los ojos. 

Miércoles 7 de Abril: Lucas 24, 13-35

 Es en el momento de compartir la mesa y el pan que se realiza el milagro. En la mesa, sentados alrededor de la mesa, se les abren los ojos, lo reconocen, recobran la alegría y el valor, regresan y se hacen testigos. Todo lo que antecedió a la mesa era muy importante. La metodología de Jesús, excelente: acercarse al otro, acompañarlo, dejarle expresar su dolor, oírlo,  es decir, partir de la realidad: ver. Luego iluminar esa realidad con la Palabra, explicarles todo, es decir, juzgar. Pero el actuar, es decir, el mostrar la bondad y el por qué y para qué de la metodología usada, se realiza en la mesa, en la acción de sentarse y compartir el pan. Ese es el momento definitivo, el  momento que hace entender todo y cambia la vida. Algo así como en el fútbol : la técnica y la táctica son muy importantes, pero sino llevan al gol como fruto del compartir armónicamente en la cancha, de nada sirven. La cancha es la mesa y el gol el pan compartido. Hoy, gracias a la pandemia, hemos vuelto a la mesa. ¿Verdad que compartiendo juntos el pan se nos han ido abriendo los ojos y hemos ido recuperando la alegría y el ánimo de volver a la lucha renovados, más atentos y haciendo frente a las dificultades, sin olvidar lo esencial y el valor de lo pequeño que tenemos y que podemos compartir? Eso que pasó en Emaús, se está actualizando en  nuestro tiempo y en nuestra casa. Demos gracias a Dios. 

Martes 6 de Abril: Juan 20, 11-18

 María, lo reflexionábamos antier, había ido muy temprano al sepulcro, y lo encontró vacío. Él no estaba. Desconsolada, se quedó llorando fuera junto a la tumba. Y entonces sucedió lo más bello que tiene el amor en los amantes: pronunciar sus nombres. Es algo viejo que ya había sucedido en el paraíso y que si no llegamos a vivirlo no llegamos a ser plenamente humanos. Y Jesús lo fue. Era el Paraíso: criaturo y criatura que ya se conocían, recordemos que eran transparentes, se sentaron frente a frente, se miraron cuarenta días y cuarenta noches sólo a los ojos, y poco a poco una sonrisa como la de la Gioconda se fue dibujando en sus labios  y  una sensación nunca antes sentida fue brotando de su mirar contemplativo: nacieron las lágrimas que llevaron amargura a sus bocas y los dos, sin dejar de  mirarse a los ojos, sonriendo y llorando, dijeron al unísono: ¡amado-amada!...............Jesús le dijo: “¡María!”, y ella le dijo: “¡Jesús mío!” 

Lunes 5 de Abril: Mateo 28, 8-15

 ¿Qué les parece? La:cuestión de los falsos, testigos tan de moda por estos lares, es como vieja, ¿verdad? Bastan unos buenos billetes y asunto arreglado. Un falso testigo, por lo general, está en la cárcel, tiene un bajo perfil e intereses por rebajas de pena o dinero. Diferentes irregularidades se han registrado dentro de los procesos penales que adelanta la justicia colombiana por cuenta de los denominados falsos testigos que son reclutados o que simplemente aparecen en un juicio para declarar a favor o en contra, dependiendo de las prebendas que se ofrezcan para rendir un testimonio. Hay que decir que estos falsos testigos que son contratados con diferentes intereses, no tienen ningún escrúpulo y si bien salen a relucir con personajes o procesos de trascendencia nacional, le  puede pasar a cualquier persona y es el reto que tiene la justicia actualmente para combatir a esta organización que permea los procesos judiciales. Pero entre más grandes e importantes sean los personajes implicados, más dinero se paga. ¿ Nunca han pensado ustedes que tantos miles de gente pobre que vende sus votos por por unos pesos y un mercado, son también falsos testigos?  Y los que votan por intereses mezquinos, y los que no votan y se lavan las manos, no son también falsos testigos?  ¿No podríamos  pensar que la base de nuestra democracia y de nuestra justicia son los falsos testigos? Eh, avemaría! Y ya no está  ni el Chapulín Colorado para defendernos. 

Domingo 4 de Abril, DOMINGO DE PASCUA, RESURRECCIÓN DEL SEÑOR: Juan 20, 1-9

 Al que madruga Dios le ayuda, pero no por mucho madrugar amanece más temprano. La Magdalena, porque los amantes nunca pierden la esperanza, fue muy de madrugada al sepulcro, antes de que llegaran las otras mujeres con los aromas para ungirlo, y con algunos hombres fuertes que les ayudarían a remover la piedra. Ella esperaba más, porque le había oído muchas veces que resucitaría, y junto  a la Cruz, cuando le dijo al buen ladrón “hoy estarás conmigo en el Paraíso”,  ella, en su dolor, alcanzó a intuir que le decía algo así como “en tres dias nos vemos”. Pero Alguien que lo amaba más que ella, había madrugado más y enviado un ángel a remover la piedra: ¡HABÍA RESUCITADO! El resto del recuento del Evangelio nos queda claro. Lo de la madrugada de la Magdalena debía aclararse, como el nuevo día con la aurora. 

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