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REFLEXIÓN:
Domingo 26 de Abril: Juan 10, 1-10
En nuestro predio, por acá en el Bajo Tablazo, vereda de Manizales, no tenemos ovejas, sino perritos que nos guardan, y gallinitas, unas 40, que nos suministran huevos para el sustento y para vender a algunos vecinos. Javier, el compañero, las cuida, jocosamente nos dice que les tiene nombre, y ellas, esto sí es cierto, lo conocen por sus pasos, su figura y su voz. Ellas tienen su casita bien acondicionada donde depositan sus huevos diariamente. Javier las cuida para que tengan vida y den huevos en abundancia, y las defiende de zarigüeyas, perritos y gavilanes que quieren entrar por cualquier lado para hacer estragos. Él sí entra por la puerta, como lo hace el Pastor del Evangelio, el Señor, que nos cuida y alimenta porque nos ama. Todos cuidamos algo: ¿Qué y por qué?, ¿Somos ante los hermanos como las zarigüeyas, los gavilanes y los perritos con las gallinas, o como Javier con ellas y el Señor con nosotros?
2026 04 25 Homilía HOMILIA
EL SEÑOR ES MI PASTOR, NADA ME FALTA
El salmo que proclamamos hace un momento es uno de los salmos más queridos por el pueblo de Dios porque nos presenta muy hermosamente un rostro divino lleno de ternura y misericordia: Las expresiones son múltiples: El Señor es mi pastor, nada me falta; en verdes praderas me hace recostar, me conduce hacia fuentes tranquilas, repara mis fuerzas; me guía por el sendero justo; aunque camine por cañadas oscuras nada temo, porque tú vas conmigo; tu bondad y tu misericordia me acompañan todos los días de mi vida y habitaré en la casa del Señor por años sin término.
Todos nosotros, de una u otra forma somos cuidadores; tenemos personas bajo nuestra responsabilidad: Somos padres de familia, hijos, educadores, abogados, médicos, enfermeras, comerciantes, gerentes de empresa, empleados públicos, religiosos.
¿Cuántos hijos y nietos, alumnos, pacientes, padres y abuelos, subalternos o empleados nuestros al escuchar este salmo podrían pensar en nosotros? Cuántos podrían decir: Así es mi papá, mi mamá, mi abuelito, mi hija, mi nieto; así es mi profe, el médico que me atiende, la enfermera que me cuida; así es mi patrón, el presidente de la junta, la alcaldesa de mi pueblo; así es el cura de mi parroquia, mi catequista, el rector de la escuela; así es mi hermana mayor… ¿Será que así soy yo?, ¿soy espejo de ese salmo del Buen Pastor?
Pedro, en la reflexión del audio expresó la similitud de la parábola de Jesús que se compara a Sí mismo con la puerta del rebaño de las ovejas, con el cuidado que yo he asumido de las gallinitas de nuestra casa. En efecto, desde que me despierto en la mañana, hasta que me voy a dormir en la noche, con mucha frecuencia pienso en ellas: Si ya comieron, si tienen agua, que residuos de la cocina hay para ellas, qué hojas puedo llevarles, cómo está la postura de huevos, la limpieza de los comederos, qué peligros tienen, cuál está enferma. En todo esto también Miguel me acompaña y nos repartimos las tareas. A veces, por cualquier motivo nos descuidamos y las dejamos unas horas sin agua o sin cuido. Eso me produce una gran tristeza y sentimiento de culpa. Las gallinas se alborotan desde que me ven a la distancia y me reciben siempre con entusiasmo. Velamos siempre porque la entrada esté segura para que no ingrese ningún depredador o para que ninguna de ellas salga y se exponga a los peligros.
Ahora el mayor peligro, el gran depredador vive en nuestra misma casa. Una perrita de tres meses y medio, Zíngara; hiper activa y muy creativa; se nos ha metido varias veces al gallinero, abre boquetes por cualquier rincón y las persigue y las asusta; no ha mordido a ninguna, pero genera pánico y caos. Me toca actuar con rapidez y creatividad, porque en este caso quiero mucho a las gallinas, pero también a la perrita: ¿cómo amar a las víctimas y a sus victimarios?, ¿se puede amar a las ovejas y también al lobo?
Jesús, a lo largo de su vida pública se acercó con especial cariño a los pobres, a los enfermos, a los pecadores, a las prostitutas y a todo tipo de marginados, pero tuvo muchos amigos también entre las autoridades civiles y religiosas de su pueblo; comía con pecadores, pero también en casa de fariseos; atendió las necesidades de un jefe de sinagoga, de un funcionario de Herodes y de un comandante del ejército romano, se hospedó también en la casa de un corrupto cobrador de impuestos y aceptó algunos miembros del Sanedrín como discípulos clandestinos. En todos estos casos vemos como hay respeto mutuo en la relación y cómo consigue cambios radicales en las actitudes de aquellos con quienes se relaciona.
Hay unos aspectos particulares del modo de pastorear Jesús que nos pueden servir mucho.
1.- Jesús es contemplativo y nos enseña a ser contemplativos: Viendo la multitud que le seguía sintió compasión porque estaban como ovejas sin pastor; y nos dice: Miren los pájaros y las flores… Dios los alimenta a ellos sin que trabajen y las viste a ellas más hermosamente que a Salomón. Miren a esa viuda pobre… ha echado con sus dos monedas mucho más que los ricos, porque ella ofreció lo que necesitaba para vivir.
2.- Jesús pregunta y escucha con atención las respuestas: Los evangelios están llenos de preguntas del Señor: ¿Quién dice la gente que soy yo?, ¿de que vienen conversando?, ¿no fueron 10 los leprosos curados? ¿dónde están los otros 9?,¿llevo tanto tiempo contigo Felipe y aún no me conoces? ¿Pedro, me amas?
3.- Jesús enseña con sencillez, al alcance de sus oyentes: Las parábolas, las oraciones, las exhortaciones son un paso posterior; primero fueron la contemplación y la escucha; esto le permitía a él llegar al corazón y al entendimiento de sus oyentes.
4.- Su actitud humilde se vuelve contagiosa y transforma: Jesús nos dice: El que quiera ser primero, hágase último y servidor de todos, pues yo no vine a ser servido sino a servir. Si yo, su maestro y Señor, les he lavado los pies, ustedes deben lavárselos unos a los otros…
5.- Jesús nos invita a ser detallistas en nuestro acercamiento a los necesitados: Las parábolas del padre misericordioso, la del buen samaritano y el relato de la pecadora pública que se acerca a Jesús en casa del fariseo, están llenos de detalles que manifiestan la misericordia, la compasión, el amor y su manera personal de hacerlo: toca al leproso, toma de la mano a la suegra de Pedro y a la hija de Jairo, abraza a los niños, se inclina ante la adúltera y sus jueces.
Si queremos pues aprender a ser buenos pastores, buenos cuidadores los unos de los otros, contemplemos a Jesús, observemos la situación de nuestro pueblo, acerquémonos, preguntemos, escuchemos sus necesidades y anhelos y respondamos con actitudes y palabras que revelen la ternura y la misericordia de Cristo, nuestro Buen Pastor.
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