15 de Marzo: Juan, 43-54
A veces no nos queda más que tragarnos las palabras, aceptar los hechos y comprender que las cosas no son solo susceptibles de empeorar, sino también de mejorar. Eso le pasó a Jesús que decía como nosotros que al “perro no lo capan dos veces”, cuando de Galilea se trataba, ya sea de volver o de conversar. Sus paisanos ya no lo rechazaban, sino que a poco a poco comenzaron a sentirse muy orgullosos de él. Viendo que las cosas habían cambiado, se fue con su combo a Caná, que ya se había hecho sinónimo de fiesta y buen vino. Su buena fama ya había cundido hasta entre los invasores, y un funcionario real que trabajaba en Caná pero era de Cafarnaún, llegó casi dándole la orden de que fuera allá y curara a su hijo. Estaba acostumbrado a mandar, pero también tenía algo de fe y estaba muy angustiado. Esto último le importó más a Jesús que sus modales, pero lo hizo también por curarse en salud por aquello de los perros. Le echó un poco de cantaleta , lo puso en su lugar y le hizo el milagro a distancia. Como quien dice, “bueno es culantro pero no tanto”. Esto le aumentó más la fe al funcionario, quien se convirtió definitivamente con toda su familia. Bonito, ¿verdad?
Sábado 13 de Marzo: Lucas 18, 9-14
Muchos podríamos orar hoy diciendo : gracias Señor porque nos has guardado del COVID, porque no nos ha faltado nada, porque podemos estar juntos y gozar de una intimidad que habíamos olvidado, gracias Señor porque tu misericordia ha sido grande con nosotros y aún en medio de las dificultades podemos estar alegres. Hermoso y conmovedor, ¿verdad? Pero en cierto sentido no implica también estar diciendo: ¿”Oh Dios, te doy gracias de que yo no soy como los demás”? Es la oración del fariseo. Claro que debemos dar gracias, que debemos alegrarnos, pero no olvidando el dolor y el llanto de tantos hermanos que sufren. Escribo esto no para tirarme en la batica de cuadros, ni para dañarles la fiesta, sino para que nuestra vida esté bien ubicada, tenga más sentido, y nuestra oración sea verdaderamente cristiana. ¿Rezamos un Padre nuestro por esos hermanos, y de paso pedimos perdón? Padrenuestro, que estás en el cielo.....(dilo todo).
Viernes 12 de Marzo: Marcos 12, 28-34
Lo primero es lo primero. El Evangelista Juan nos dice en el prólogo de su Evangelio, "En el principio existía la Palabra y la Palabra estaba con Dios, y la Palabra era Dios. Ella estaba en el principio con Dios. Todo se hizo por ella y sin ella no se hizo nada de cuanto existe." Pero no era la palabra que expresaba una idea, un concepto, un deseo, es decir, una palabra insustancial, una palabra dicharachera. Era una palabra que cuando se pronunciaba se realizaba: "Dijo Dios: «Haya luz», y hubo luz.". La palabra se expresaba en los hechos y los hechos confirmaban la palabra. Pero con el tiempo, de tanto usarla y abusarla, fue perdiendo el sentido: La paz se convirtió en pintar palomas, el amor en revolcarse, la justicia en burla, la dignidad en dinero, la honestidad en corrupción. “¿Cómo decir que amamos a Dios a quien no vemos, si no amamos al hermano que vemos? “, nos dirá el mismo Evangelista. Y el Apóstol Santiago añadirá: "Si alguno se cree muy religioso, pero no controla sus palabras, se engaña a sí mismo y su religión no vale. La religión verdadera y perfecta ante Dios, nuestro Padre, consiste en esto: ayudar a los huérfanos y a las viudas en sus necesidades y no contaminarse con la corrupción de este mundo. Si un hermano o una hermana no tienen con qué vestirse ni qué comer, y ustedes les dicen: «Que les vaya bien, caliéntense y aliméntense», sin darles lo necesario para el cuerpo; ¿de qué les sirve eso? Lo mismo ocurre con la fe: si no produce obras, muere solita." Fácil que es decir que el amor a Dios y al prójimo se funden y constituyen el principal mandamiento, ¿verdad? Pero si no lo vivimos, si son solo respuestas de catecismo, ¿para qué sirven? ¡Palabras, palabras, palabras, palabras sin sentido!
Jueves 11 de Marzo: Lucas 11, 14-23
Les aseguro, pónganle la firma, que el tal mudo del evangelio no era mudo, sino enmudecido, porque un mudo no puede ponerse a hablar así porque sí, de un momento a otro, sino que tiene que aprender poco a poco a hablar. Y eso no está en contra del milagro, sino que lo engrandece, mostrando su verdadera dimensión. Doña Ana, la “peliona”, si no ha muerto, debe tener todos los años del mundo. Eso no importa porque siempre ha estado y seguirá viva en Dios y también en mi corazón. Asistía puntualmente todos los miércoles a las reuniones de la comunidad de base en el Barrio Efe Gómez, también perteneciente a nuestra Parroquia en Medellín. No hablaba, pero nos oía a todos y todos la queríamos. Un día, algún miércoles, después de haber constatado que todos no hablaban más que de la vida, ocurrió el milagro: se le soltó la lengua y habló de la suya largamente. Contaba después que amaba la comunidad porque allí había aprendido a hablar, al entender que su vida era importante también para los otros. Dice el Evangelio que todos quedaron maravillados. Era cuestión comunitaria y de tiempo. La Úsuga, era su apellido, ya no volvió a callar, y llegó a tenerme tanta confianza, que me regañaba como lo hacía mi mamá.
Miércoles 10 de Marzo: Mateo 5, 17-19
Transgredir lo pequeño es deshumanizarnos, porque lo pequeño es nuestra esencia. Ya lo decía el zorro al principito: “Aquí está mi secreto. Es muy simple: sólo se ve bien con el corazón. Lo esencial es invisible a los ojos.- Lo esencial es invisible a los ojos – repitió el principito a fin de recordarlo.- Es el tiempo que has perdido en tu rosa lo que hace a tu rosa tan importante.- Es el tiempo que he perdido en mi rosa... – dijo el principito a fin de recordarlo.- Los hombres han olvidado esta verdad – dijo el zorro. – Pero tú no debes olvidarla. Eres responsable para siempre de lo que has domesticado. Eres responsable de tu rosa...- Soy responsable de mi rosa... - repitió el principito a fin de recordarlo”. Lo esencial NO es la letra menuda , ni la rúbrica. Lo esencial está oculto entre las líneas, y sólo puede verlo el corazón. Para llegar a lo esencial, a lo pequeño, a lo invisible, hay que aprender a oír la voz del viento, a cuidar la rosa, a dialogar con el silencio, a dar campo a la soledad, a “perder el tiempo” para hacernos uno con su devenir y palpar lo eterno. Lo esencial es el detalle, la caricia, la mirada limpia...la compasión...la compañía.
Martes 9 de Marzo: Mateo 18, 21-35
Con profundo respeto oigamos de nuevo el siguiente testimonio, y por favor, tratemos de convencernos de que es posible. En el momento del silencio y los aplausos contemplemos el rostro del dolor, la resiliencia y la dignidad. https://youtu.be/3bs-j75IdYs
Lunes 8 de Marzo: Lucas 4, 24-30
Me permito compartirles algo que se me ocurrió después de pensar mucho en este Evangelio. Es cierto, ningún profeta es bien recibido en su tierra: Se llama coronavirus, apareció en nuestro mundo que es también el suyo, recordándonos que somos débiles, efímeros, pequeños, necesitados. Vino diciéndonos que nuestros delirios de grandeza son paja que arrebata el viento, que la grandeza está en lo pequeño hecho con grandeza, que necesitamos de la intimidad para mostrar lo que somos, que no requerimos de mucho para ser felices. Como es lógico, lo rechazamos. También, como hicieron los judíos con Jesús, llegaremos a creer que lo matamos y que triunfamos. Pero no. Sólo se dormirá y algún día volverá trasformado, con vida nueva, a recordar a generaciones futuras que no olviden, como nosotros lo olvidamos, que son humanos, criaturas débiles, necesitadas, y no todopoderosas. Dios quiera que su mensaje nos cale y llegue a transformarnos, a recrearnos, a nacer de nuevo.
Domingo 7 de Marzo, TERCER DOMINGO DE CUARESMA: Juan 2, 13-25
Jesús penetraba en el interior de cada uno, los conocía a todos, y no tenía necesidad de que le informaran acerca de nadie. Les digo con franqueza que me da cierta rabia cuando me invitan a pedir o a celebrar por la conversión de alguien en particular. Por la conversión de los pecadores - yo el primero - si lo hago, pero por la conversión de alguien en particular no me atrevo, pues creo que incluye un juicio que le corresponde solo a Dios. Pido simplemente por esa persona, todos lo necesitamos, pero de ahí a pedir por su conversión no. Hace muchos años, estando en Medellín, llevaba la comunión a una ancianita enferma, cuya hija la habían metido en la cárcel por robar en algún almacén, y le había tocado hacerse cargo de sus hijos, sus nietos, creo que eran cinco, a quienes quería mucho y eran su única riqueza y razón de vivir. Para alimentarlos, vendía en su casa los fines de semana puchos de marihuana y bazuco. ¿Sería una pecadora que no podía comulgar sin dejar ese oficio? ¿Debía denunciarla a la Policia? , ¿Hacerme cargo de la alimentación de los niños? , ¿Llamar a Bienestar Familiar para que se los quitaran y ella muriera de tristeza? Hasta le conté esta historia a un compañero que era profesor de Moral en la Universidad Gregoriana de Roma. Me dijo, “haga lo que crea conveniente”. Eso hacía: seguí visitándola y llevándole la comunión.
Sábado 6 de Marzo: Lucas 15,1-3. 11-32
Me gusta llamar a esta parábola “la perfecta”. También veo en ella el fundamento bíblico de la “justicia transicional”, pues esa es la que crea y ejerce el padre bueno con su hijo calavera a pesar de las protestas del que se creía con derechos y poseedor de la verdad. Hoy en medio de esta pandemia, le estoy encontrando otro ángulo. Es que la tal parábola es políedrica. Se me antoja pensar que no hemos tocado fondo y por eso no somos capaces todavía de reconocer nuestra culpa y comenzar el retorno a nuestro verdadero ser de criaturas necesitadas de compasión, de hijos muy amados. Es lugar común decir de los viciosos deben tocar fondo para cambiar. El hijo menor de la parábola llegó a buscar comer las bellotas de los cerdos, pero no se las daban. Alguna traducción dice: “no le era dado”. Entonces, solo entonces, tocando fondo, entró en razón y volvió a su padre. ¿Será que nos falta algo, me pregunto, para reconocer nuestra culpa en tantas cosas que nos pasan y comenzar el retorno a la semilla?
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