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Miércoles 24 de febrero: Lucas 11, 29-32

 Esta generación está loca, dice el Señor. Piden milagros y no se dan cuenta de los que están viviendo. ¿Caemos en la cuenta de que nos despertamos esta mañana? ¿Caemos en la cuenta de que aunque con dificultades seguimos adelante? ¿Caemos en la cuenta de que a pesar a pesar de las pérdidas no muere nuestra esperanza? ¿Caemos en cuenta de que todo es misericordia y no merito propio? ¿Quien nos creemos? ¿Pagamos a Dios con nuestra indiferencia y con nuestra estúpida autosuficiencia? 

Martes 23 de febrero: Mateo 6, 7-15

 La oración del cristiano a lo largo de la historia ha sido objeto de innumerables tratados, metodologías y técnicas, que lejos de enriquecerla, le han menguado la belleza y la simplicidad que le es propia por esencia. De la sencillez de la enseñanza evangélica se ha llegado a fórmulas preconcebidas para cada circunstancia, bien sea para  memorizar y llevar plastificadas como fetiches mágicos en los bolsillos y en las carteras, hasta intentar practicarla usando complicadas posiciones corporales, mantras mágicos, técnicas de relajación cercanas a estados  hipnóticos, gesticulaciones, gritos e histerias colectivas. La enseñanza de Jesús es distinta: "Tú, cuando reces, entra en tu pieza, cierra la puerta y ora a tu Padre que está allí, a solas contigo. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará. Cuando pidan a Dios, no imiten a los paganos con sus letanías interminables: ellos creen que un bombardeo de palabras hará que se los oiga. No hagan como ellos, pues antes de que ustedes pidan, su Padre ya sabe lo que necesitan”. Y a renglón seguido nos propone el Padrenuestro como modelo. La oración no es algo complicado y menos de especialistas. Solo se necesita recordar que somos hijos amados por un Dios que es Padre y Madre, y que podemos comunicarnos con El como con un amigo muy querido y cercano, abriéndole el corazón, presentándole nuestros problemas y alegrias, dándale gracias, pidiéndole perdón y acogiéndonos a su misericordia infinita.   Teresa, la gran santa carmelita - lo hemos repetido varías veces - nos dice:  “No es otra cosa oración, sino tratar de amistad, estando muchas veces tratando a solas con quien sabemos nos ama". ¿Por qué no nos alejamos algo , sin despreciarlas,  de tantas costumbres que hemos adquirido para orar, e intentamos desde la soledad y el silencio, hablar un poquito sencillamente, unos minutos cada día, con quien sabemos nos ama? [22/2 8:09 p. m.] Pedro: Por un error de Edición, los videos de “Con la Palabra al día” de esta semana, de entrada aparecen en negro. Basta dar “click” y se tiene la imagen como siempre. Perdón y un abrazo.  

Lunes 22 de febrero, LA CÁTEDRA DE SAN PEDRO: Mateo 16, 13-19

 Parece extraño que la liturgia nos proponga hoy esta rara fiesta, cuando ni siquiera sabemos qué quiere decir “Cátedra de San Pedro”. Pues, bien, comencemos por el principio: La palabra "cátedra" significa asiento, pero el término va más allá del lugar físico de la silla o trono, o sea el lugar en general desde el cual el obispo gobierna su territorio. En  su sentido simbólico la cátedra de San Pedro, cátedra del Papa, obispo de Roma, no es el asiento físico, la silla, sino el magisterio , la enseñanza  del sucesor de Pedro en la Iglesia. Fomenta el crecimiento y  asegura la unidad de los fieles. Nosotros católicos del siglo XXI, y por qué no, la humanidad entera, somos muy afortunados de tener al Papa Francisco como líder espiritual, persona que no solo con su palabra sencilla, sino con su actitud, bondad  y cercanía, nos enseña lo que es “enseñar”, lo que es dar “cátedra”. Por eso unámonos con alegría a esta fiesta de la Iglesia universal, y pidamos por nuestro querido Papa Francisco, sucesor de Pedro, a quien Jesús entregó.
 

Domingo 21 de febrero, PRIMER DOMINGO SE CUARESMA: Marcos 1, 12-15

   El la Bíblia, desierto en sentido general, es símbolo de esterilidad, tierra árida y seca,  región inhóspita y deshabitada, morada del demonio. Y aunque la misericordia de Dios aparece inagotable, será necesario, no obstante, que Israel vuelva a pasar por la experiencia del desierto, para así disponerse a escuchar la voz del único que le puede salvar, Yahvé, su Dios: “Por tanto - nos dice el Señor Dios por medio del profeta Óseas- he aquí que yo la seduciré y la conduciré al desierto y le hablaré al corazón”. El desierto es el también el lugar de la tentación  y la purificación. Jesús es conducido al desierto, es tentado y sale triunfante. Después de esa experiencia comenzará a predicar el Reino de Dios. Parece que el coronavirus nos ha llevado al desierto, para que  también nosotros, como el pueblo de Israel , en medio de esa experiencia creatural de la impotencia y de la incertidumbre, estemos más dispuestos a escuchar la voz del único que puede salvar. También nosotros, como el Señor Jesús, sentimos la tentación de renegar, de añorar la suficiencia y la seguridad que teníamos, y no ser capaces de reaccionar ante las circunstancias negativas, de rehacernos, de reinventarnos, para predicar con el testimonio  que la vida nueva es posible. Con su gracia podemos, como Él, vencer la tentación y ser sus testigos. Esa es nuestra misión hoy, y el ejemplo,  que como precursores, debemos dejar a las próximas generaciones. 

Sábado 20 de febrero: Lucas 5, 27-32

  Siguiendo con el cuento de ayer, el del cambio y la alegría, hoy encontramos un ejemplo personificado en Mateo, que es el mismo Leví. El hombre tenía su vida, estaba acostumbrado a ella, le iba bien en el negocio de cobrar impuestos, estaba trabajando. Pero una Palabra de Jesús,  “sígueme”, bastó para cambiarlo todo. Algo así como un coronavirus selectivo, dirigido,  personal. Lejos de entristecerse, Leví le dio toda la atención posible y su vida cambió. Dejó lo establecido - que de paso olía a pecado porque los recaudadores cobraban más y se aprovechaban del pueblo - reconoció que algo nuevo y más valioso nacía, y dejándolo todo, se entregó a ello y hasta hizo fiesta. Sin saberlo o sabiéndolo - eso no importa- Mateo, como nuestra sociedad, como nosotros, como nuestra familia, como tú y yo, estaba enfermo y quizás en pecado. La llamada de Dios era clara. ¿Cómo no seguirla y con alegría? Se le  abrieron los ojos, se le amplió la perspectiva, soñó de nuevo, se reinventó, se rehizo, nació de nuevo. 

Viernes 19 de febrero: Mateo 9, 14-15

 No ayunamos, ni estamos tristes, porque los que notamos la vida nueva que comienza a gestarse y que poco a poco va brotando, no podemos menos que estar alegres, responderían también los discípulos de Jesús. Hace miles de años, cuando el pueblo de Israel estaba en el exilio de Babilonia, el profeta Isaías llamando a  la esperanza les decía: "No se acuerden más de otros tiempos, ni sueñen ya más en las cosas del pasado. Pues yo voy a realizar una cosa nueva, que ya aparece. ¿No lo notan? Sí, trazaré una ruta en las soledades y pondré praderas en el desierto." ¿Y de nosotros qué? Ya llevamos un año desde que se nos movió el piso. ¿Nada ha cambiado? ¿Nada nuevo está brotando? ¿No tenemos ojos para verlo? Ya es hora de que hagamos algo así como un balance de fin de año: Si vemos que solo hemos tenido pérdidas, debemos cambiar, porque nos está dejando el tren y nos está llevando el patas. Si hemos tenido ganancias, ¿cuáles son? ¿Cómo cuidarlas y hacer que crezcan? Claro que hemos sufrido, pero ha valido la pena, verdad? Quiero dejarles una pequeña tarea: entrar en Google y buscar “imágenes de la caída del muro de Berlín”. Siendo cierto que “una imagen dice más que mil palabras”, estoy seguro de que tanto el Evangelio como la reflexión les quedarán más claros. Que tengan un feliz día. 

Jueves 18 de febrero: Lucas 9, 22-25

 Hoy Jesús explica a sus discípulos, y de paso a nosotros, que para resucitar, para rehacernos, para reinventarnos y lograr el  mundo nuevo, hay que sufrir mucho. Qué vaina, ¿verdad? Pero es que no hay parto natural sin dolor, y que digan las mamás si es cierto o no. Tampoco hay resurrección sin muerte, y el Señor hubo de pasar por la condena, la pasión y la crucifixión. Vale también para nosotros: debemos pasar por muchas dificultades para que el mundo nuevo que fue anunciado por el coronavirus pueda ir creciendo. La primera lectura de la liturgia de hoy, tomada del Libro del Deuteronomio nos dice, “Mira: hoy te pongo delante vida y prosperidad, pero también muerte y calamidades. Escoge la vida, y vivirás tú y tu descendencia”. Si nos quedamos en nostalgias y lamentaciones o tratando de salvar lo que era, acabaremos por perderlo todo. Si valientemente enfrentamos el reto y somos capaces de descubrir las tantas e insospechadas posibilidades que se nos han abierto a partir de la vuelta a la intimidad, a lo pequeño, a lo realmente necesario, salvaremos la esencia de la vida, la verdadera fuente de la felicidad, los fundamentos y valores del mundo nuevo. Como dice el estribillo de la canción del testigo, recordando al Apóstol San Pablo, “Tengo que luchar, tengo que gritar, ¡ay! de mí si no lo hago” 

Miércoles 17 de febrero, MIÉRCOLES DE CENIZA: Mateo 6,1-6.16-18

 Hace cuatro años, con el Miércoles de Ceniza - era entonces un tres de Marzo - comenzamos con estas reflexiones diarias alrededor de la Palabra, que ya se aproximan a las mil quinientas. Damos gracias a Dios. “Pian piano si va lontano”, reza el aforismo italiano: “paso a paso se llega lejos”. Esto puede iluminar nuestro quehacer personal y comunitario comenzando esta cuaresma: En medio de la la pandemia, recluidos en nuestras casas, viviendo en familia y solo con lo pequeño a nuestro alcance, el Evangelio nos dice que Dios ve en lo secreto, valoriza lo pequeño, nos invita a vivir la intimidad, a ser humildes, a no hacer alardes, y a abundar en oración y en generosidad. Eso lo que agrada al Señor y es la esencia del cristianismo. Sin darnos cuenta y equivocadamente nos fuimos acostumbrando a lo grande, a lo cómodo, a la pompa, al pregón, a la simulación, y centrándonos en nosotros mismos, en nuestra figura y realización personal promovida por un sistema alienante de puras apariencias, fuimos olvidando la esencia. Hoy, casi que obligadamente por las limitaciones impuestas por la pandemia, se nos recuerda lo fundamental y se nos invita a vivir con sentido cada día esta cuaresma para que lleguemos poco a poco, paso a paso, a ser hombres nuevos, sociedad nueva, resucitados con Cristo, por Él y en Él, a través de su pasión y muerte. 

Martes 16 de febrero: Marcos 8, 14-21

 La levadura proviene de un hongo y su uso es fundamental en la cocina pues tiene la propiedad de hacer fermentar los hidratos de carbono. Este es el proceso que hace ”levar” los alimentos. ... Ya en el Antiguo Egipto se fabricaba pan y cerveza usando las propiedades de la levadura, hace 4000 años. Basta un poquito para que se fermente toda la masa y crezca, y crezca, como los chismes, la envidia,  el orgullo, el engaño, la corrupción, el odio, la injusticia, la prepotencia. Esa es la levadura farisea de la que habla el Señor en el Evangelio de hoy y que se nos pega tan fácilmente, como el coronavirus, si no tenemos cuidado. De paso, ese es el ambiente en que vivimos, el pecado en el que nos movemos. Por eso, cuando llevamos a bautizar los niños, pedimos que Dios los libre de ese pecado, de ese ambiente en el que van a crecer. Eso es lo que llamamos pecado original. Vale la pena pensarlo,¿verdad? 

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