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Nuestra Eucaristía del 13 de Febrero de 2022

 ¿ Y todavía nos atrevemos a pedir más milagros? 

 https://youtu.be/rMuTXcf3-6A 

Domingo 14 de febrero: Marcos 1, 40-45

 Cuando se desató la pandemia del coronavirus, el médico Cristian Botache decidió mudarse de su casa teniendo en cuenta que vivía con adultos mayores y que podía movilizarse más fácilmente a la clínica en Cali donde es residente. Lo que no esperaba el médico, que está en la primera línea combatiendo el coronavirus, es que sus nuevos vecinos rechazaran su llegada y pidieran que fuera expulsado del edificio. Los residentes manifestaron que tenían temor de que el doctor fuera un foco de contagio para ellos y solicitaron su salida a la administración del edificio. Al doctor  Batache y a muchos otros, enfermeras y enfermeros, también les ha pasado lo que al Señor Jesus, cuando compadecido tocó al leproso para librarlo de su mal: le prohibieron volver a la comunidad y tuvo que quedarse aislado, apartado, en el lugar que tenían al leproso. Muchos encargados de la salud, verdaderos profesionales, generosos y compasivos, son señalados y rechazados por la misma sociedad por la que arriesgan su vida. ¡Qué injusticia!. Gracias, hermanos, perdónennos y que Dios los bendiga. 

Sábado 13 de febrero: Marcos 8, 1-10

 Jesús dijo a sus discípulos  “ Me da lástima de toda esta gente sin comer... han venido desde muy lejos”. ...Sí, son millones, millones, por todo el mundo, que han llegado a Europa provenientes de Siria huyendo de la Guerra civil que se lleva a cabo en su país desde 2011, ...de Afganistán, huyendo a la guerra declarada por Estados Unidos y la OTAN contra la red terrorista Al Qaeda y el Talibán, ...de Eritrea intentando escapar del servicio militar obligatorio, la violación de derechos humanos y una dictadura opresiva, ...de Nigeria debido a la pobreza, la degradación ambiental y las atrocidades cometidas por el grupo armado fundamentalista islámico Boko Haram, que viola, tortura y mata impunemente en desde hace años, ...de Irak  y Libia, intentando  escapar de conflictos armados en sus países, ...de Irán, Marruecos, Argelia y Etiopía buscando principalmente mejorar su situación económica, ...otros llegados clandestinamente a Estados Unidos desde Méjico y otros países centroamericanos, donde además separan a los niños de sus padres,...venezolanos buscando refugio en Colombia y otros países sudamericanos...todos, todos con hambre, despreciados, humillados, acusados, apresados, viviendo en cambuches , en la calle y en camuflados campos de concentración, muchos muriendo ahogados en el mar o extenuados en trochas y caminos clandestinos...¡Carajo!, qué más queremos para movernos a compasión, para empezar a caer en la cuenta, para indignarnos, para sentirnos implicados, para protestar y comenzar a hacer algo, a compartir lo que tenemos para que se actualice el milagro de la multiplicación de los panes? No olvidemos que el infierno está lleno de buenas intenciones. Buenos días. 

Viernes 12 de febrero: Marcos 7, 31-37

 Desde lejos las cosas no se oyen bien, a menos que sean gritos: por eso Dios oye el grito del pobre. Los que están en la frontera, como el que nos presenta el Evangelio hoy, apenas pueden hablar porque casi no oyen. Es necesario acercarse para oír bien. Ese es el sentido de la encarnación: Dios se hace carne en Jesucristo, para sentir en su propio cuerpo el dolor, y no de lejos solo el grito. Ah, y de paso aprende a gritar, como lo hizo naciendo en el pesebre y muriendo en la Cruz. Cuando nos aproximamos más al Evangelio y por consiguiente a los hermanos, oímos  más claramente la voz del Señor que nos invita a hacernos prójimos de los que sufren. Es entonces cuando se nos va soltando la lengua y nos atrevemos a proclamar,  como lo hace Maria en el Magnifícat,  las maravillas que Dios hace en medio de su pueblo. 

 https://youtu.be/RrNeo8oY9qY 

Jueves 11 de febrero: Marcos 7, 24-30

 A veces olvidamos que Jesús era humano. Eso ha sido origen de muchas herejías a lo largo de la historia de la Iglesia. Creemos que como Dios lo sabía todo, pero se nos olvida que como humano tenía que aprender. Misterioso, verdad? Sí, es un misterio, y ante el misterio no nos queda más que agachar la cabeza y no creer que entendemos todo tan fácilmente. Hoy encontramos a Jesús en la periferia, clandestinamente, porque era terreno prohibido. Quiso pasar desapercibido, pero una mujer de allí, de la otra orilla, lo encontró y le dio una lección que Jesús nunca olvidaría: “Mi Señorito, le dijo - palabras más, palabras menos - no se olvide que también los otros, los de la otra orilla, los que no somos judíos, también somos hijos de Dios. Que ustedes nos traten como perros no quiere decir que Dios se olvida de sus perritos”. Antes de contestar Jesús - no lo dice el Evangelio pero me atrevo a imaginarlo- hubo un silencio, se puso rojo o pálido, no sé, pero cambio de color, tosió, pasó saliva, y finalmente acató a decir: “Puedes irte; por lo que has dicho el demonio ya ha salido de tu hija.”.........Bonito ver el Evangelio así, ¿verdad? ¡Sí que era hombre! 

Miércoles 10 de febrero: Marcos 7, 14-23

 Ojo pues: el coronavirus viene de fuera, puede infectarnos, pero no nos hace pecadores , ni impuros. Solamente nos recuerda que somos criaturas, es decir, por naturaleza frágiles y necesitados de misericordia. Lo que sí nos hace pecadores e impuros es todo eso que llevamos por dentro,  el creernos autosuficientes, el ser insensibles e indiferentes al dolor ajeno, el creernos más que los otros, y toda esa producción de mentiras, calumnias, cinismo, desprecio, doblez e hipocresía de la que somos capaces. Eso no se limpia lavándonos las manos aunque sea con agua bendita. El Señor nos pide humildad para reconocer el mal que hay dentro de nosotros, nos pide propósito de conversión, esfuerzo  y perseverancia. Él pone el resto: la misericordia y su gracia. Repetimos? “ Padre...me pongo en tus manos...haz de mí lo que quieras...estoy dispuesto a todo...lo acepto todo...porque te amo...y necesito darme a ti...porque Tú eres mi Padre”. 

Martes 9 de febrero: Marcos 7, 1-13

  Si los fariseos de entonces nos vieran hoy, en vez de criticarnos se irían con el rabo entre las piernas porque nos lavamos las manos más que ellos. Según dicen los médicos expertos “las manos son un vehículo transmisor del coronavirus porque podemos tocar alguna zona donde ha estado el virus. Nuestras manos son también una vía para transmitírselo a alguien. ¿Cómo debes lavarte las manos? Primero una palma, después la otra y luego entre los dedos. Por último, las uñas. Tienes que permanecer al menos veinte segundos lavándotelas. ¿Y cuántas veces? Si das las manos, te las tienes que lavar. Cuando comas o vayas al baño, también. Y el número de veces al día no debería bajar de diez”. ¿Cómo les quedaría el ojo a los fariseos? Y poniéndonos más serios podemos decir que todo eso es bueno, pero que no nos lavemos las manos como Pilatos y nos hagamos los pendejos olvidando la suciedad que podemos llevar por dentro, y más aún, cerrando los ojos al dolor de tantos hermanos que no tienen ni agua para lavárselas una vez al día. ¿Cómo nos queda el ojo? 

Lunes 8 de Febrero: Marcos 6, 53-56

 También “ en la otra orilla” a donde Jesús se dirigió con sus discípulos, su fama se había difundido y como había pasado en Cafarnaún, en la casa de Pedro, la gente se agolpaba con sus enfermos en busca de curación. Y bastaba un toque: “en todos los lugares adonde iba, pueblos, ciudades o aldeas, ponían a los enfermos en las plazas y le rogaban que les dejara tocar al menos el borde de su manto. Y todos los que lo tocaban quedaban sanos”. Hoy, Dios mío!, basta un toque para quedar infectados. Huimos de los toques y más aún si son de extraños, de los de la otra orilla. Así nos lo recomiendan y así nos toca. Pero también hoy con la tecnología y lo virtual, podemos trabajar desde casa, podemos participar en las Eucaristías desde casa, podemos estudiar desde casa, sin necesidad del contacto físico, evitando los toques. También puede existir el toque virtual : en las noticias de tantos hermanos que sufren y mueren por el Covid, el hambre, el desempleo, el abandono, no sentimos una llamada para que hagamos algo? Y ese “algo” es el toque siempre  posible, una oración y algo más que ella: una ayuda, una llamada, un pequeño giro, un compartir en algo lo que tenemos. “Hoy por ti, mañana por mí”, reza el adagio. También nos dice el Señor que ni un vaso de agua que demos al hermano quedará sin recompensa. Y en la tarde recordémoslo, seremos juzgados en el amor. Buenos días. 

Domingo 7 de febrero: Marcos 1, 29-39

 Era un sábado, el día de reposo para los judíos. Comenzaba al atardecer del viernes y terminaba al atardecer del sábado a la misma hora. Durante ese tiempo todo el trabajo habitual se detenía. No se podían llevar cargas, hacer grandes desplazamientos, ni realizar ninguna actividad que fuese considerada trabajo, como curar. De hecho, durante el día no podían trasladar enfermos para ser curados. Pero con la llegada del atardecer, al ponerse el sol, el reposo acababa. Entonces la gente quedaba libre para desplazarse y cargar sus enfermos hasta donde estaba Jesús. Era tanta la multitud, que Marcos dice “y toda la población se agolpó a la puerta.” El primer rezo que duraba tres unas tres horas en la Sinagoga, era temprano, a primera hora de la mañana. Probablemente después de ese rito se dirigió Jesús a la casa de Pedro y encontró a su suegra - la de Pedro, por supuesto - en cama y con mucha fiebre. Allí libremente, quebrantando las leyes creadas por los fanáticos observantes, la curó de una. El resto del Evangelio es servicio libre, ella se puso a servirlos y llegada la tarde Jesús curó a muchos. Por la noche se echó una buena dormida y muy de madrugada se fue a un lugar despoblado a orar. Allá le llegaron los discípulos para decirle que seguían buscándolo, para que se quedara, pero él mostrando de nuevo su libertad, les dijo, cojan su joto y vámonos para otra parte porque aquí ya hicimos lo que teníamos que hacer. 

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