Jueves 3 de Diciembre:
Mateo 7, 21.24-27
Multitudes de gente pobre, necesitada y enferma seguían a Jesús en busca de curación. Dice también el Evangelio de hoy que Jesús llamó a sus discípulos y les dijo: «Siento compasión de esta gente, pues hace ya tres días que me siguen y no tienen comida. Y no quiero despedirlos en ayunas, porque temo que se desmayen en el camino”. Es en este contexto que se realiza el milagro de la multiplicación de los panes que, como hemos visto otras veces, no se trata de un prodigio mágico, sino de una acción comunitaria de solidaridad: los discípulos deben poner en común el poco que llevan, y esa acción hace que toda la gente haga lo mismo. Entonces se realiza el milagro: lo que hay alcanza para todos y hasta sobra. Jesús bendice el poquito de todos cuando se pone en común. Estoy pensando en la multitud que acude -ahora no por la pandemia- a los lugares donde se dice que se realizan milagros, como santuarios y algunos templos católicos y muchos cristianos. Allí la gente pobre da el poquito que tiene, pero nada indica que se ponga en común. Queda para los sacerdotes, religiosos, religiosas y pastores. No hay solidaridad y por tanto no hay milagro. Cada uno piensa en lo suyo, también los dirigentes, y al final no se satisface sino el hambre de los falsos pastores. Por eso la Palabra de Dios, por medio del profeta Ezequiel, dice: "¡Ay de ustedes, pastores de Israel, pastores que sólo se preocupan de ustedes mismos! ¿Acaso el pastor no tiene que preocuparse del rebaño? Se alimentan de leche, se visten con lana, sacrifican los animales gordos, pero no se preocupan de sus ovejas. No han reanimado a la oveja agotada, no se han preocupado de la que estaba enferma, ni curado a la que estaba herida, ni han traído de vuelta a la que estaba extraviada ni buscado a la que estaba perdida. Y a las que eran fuertes, las han conducido en base al terror. Sin pastores, mis ovejas se han dispersado, siendo así presa fácil de las fieras salvajes. Mi rebaño se dispersó por las montañas y colinas; el resto está disperso por todo el país, y nadie se preocupa o sale en su búsqueda. Por eso, pastores, escuchen la palabra de Yavé: Tan cierto como que yo vivo, dice Yavé, que si mis ovejas quedaron expuestas a los ladrones, si se convirtieron en presa de las fieras salvajes, la culpa es de los pastores. Mis pastores no se preocuparon de mis ovejas, se preocuparon de sí mismos pero no del rebaño. Por eso, pastores, ya no serán más los pastores de mi rebaño, pastores que sólo se preocupan de sí mismos. Arrancaré mis ovejas de su boca y ya no serán más su presa. Porque esto dice Yavé: ¡Aquí estoy, soy yo! Vengo en busca de las ovejas, yo me ocuparé de ellas" . Palabra de Dios!
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