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  Jueves 31 de Diciembre: Juan 1, 1-18  

 Hoy, terminando el año, el Evangelio nos remonta “al principio”. Y en el principio, cuando Dios creó los cielos y la tierra - lo dice él Génesis - todo era confusión. Algo así como hoy: incertidumbre. Pero en ese entonces, hablamos del principio primero, estaba la Palabra y la Palabra era creadora. La tierra no existía. Solo estaba la nada y la nada era abismo y tinieblas. Y la Palabra dijo: ¡Sea la luz! Y en el reino del caos y de la incertidumbre, comenzó su presencia el nuevo orden: el del orden. Todo fue puesto en su lugar, porque había lugar para todos, y todos, en parejas distintas, en familia, personas, animales y flores, según su especie, coexistieron armónicamente entre el cielo y la tierra fecunda, y en los mares infinitos poblados de multiformes vidas. Hoy vamos a rogar, hermanos, lejos de tanto bullicio como acostumbramos, para que la  Palabra presente en el principio primero y en todo principio, pronuncie de nuevo su voz sobre nuestra incertidumbre para que veamos la luz,  y sin la soberbia de antaño, sino con la humildad de hogaño, aprendida en la pandemia, busquemos la coexistencia pacífica en parejas, en familia, permitiendo el lugar para todos, según su especie, según su diversidad y por encima de toda ideología y privilegio que crean divisiones, caos e injusticias. Feliz Año, hermanos y hermanas. Que Dios nos bendiga y la Virgen nos acompañe. Amén . 

 Miércoles 30 de Diciembre: Lucas 2, 36-40 

 No es posible que solo Simeón esperara al Mesías. También una mujer, Ana, no se apartaba del Templo. Y según parece, era más vieja que él y por eso su esperanza llevaba más tiempo probándose. Y sin ser catecúmena, ni carismática, ni de Emaús, se puso a alabar a Dios y a hablar a  todos del Niño, porque era muy dicharachera. Hoy muchos y muchas dicen por todo:  ¡Gloria a Dios! y hablan y hablan. Casi como Ana, pero me parece que les falta lo que en ella rebosaba: la oración acompañada del ayuno. Esa es la clave. Es que las cosas son fáciles de hablar cuando no tocan la comodidad y menos la barriga. Yo he conocido a muchas Anas y vuelvo a mentar a aquella que no faltaba a nada en el Templo y se dormía en todas las ceremonias. Con dolor llegamos a saber un día que era por la debilidad causada por el hambre y no por los años. 

  Martes 29 de Diciembre: Lucas 2, 22-35 

 Abraham dejó todo por llegar a tener la tierra prometida. Acabando su vida solo tuvo un pedazo de tierra para enterrar a Sara, su mujer. Moisés después de conducir al pueblo 40 años por el desierto, murió en el monte Nebo, divisando la tierra prometida  a Abraham, pero sin entrar en ella. Simeón, el viejo del Evangelio de hoy, pasó toda su vida esperando la liberación: ya casi muriendo, la tuvo en sus brazos hecha un Niño. ¿Que esperamos nosotros y qué tenemos? ¿Buena pregunta, verdad? Yo la contesto para ustedes, esperando que cada uno de ustedes la responda al menos para sí mismo: Me identifico con Simeón. Aunque no sea tan justo y bueno como él, también he vivido en la esperanza. Y sin saber cómo ni cuándo, estoy alegre con el pedacito de tierra, como Abraham, aún oteando el horizonte como Moisés, y teniendo en mis brazos un montón de cariño de muchos hermanos y hermanas que me dice que valió la pena la espera, aunque todo sea tan pequeño. Sé que todo seguirá adelante, no sé exactamente cómo, pero seguirá. Aquí mi confianza es inquebrantable. Que el equipo gana, gana, aunque no esté tan seguro de un campeonato del Atlético del alma, el Bucaramanguita. 

 Lunes 28 de Diciembre, LOS SANTOS INOCENTES: Mateo 2, 13-18 

 En esta fiesta se recuerda la masacre de los menores de dos años perpetrada por Herodes intentando matar al Jesús niño. Hemos tratado otras veces de actualizarla de muchas maneras, por ejemplo en los abortos, en las violaciones, en los falsos positivos, en los líderes sociales asesinados, en los condenados injustamente, etc., etc. Todo eso está bien, pero si le damos la vuelta al disco, ¿no podríamos todos nosotros, o al menos la inmensa mayoría, sentirnos víctimas Inocentes o al menos ingenuas, de la manipulación de los nuevos Herodes a través de los medios de comunicación? Nos tienen como veletas a merced del viento que se les ocurre soplar. Escribo  esto a mitad de octubre. El rebrote de la pandemia, debido en gran parte a las políticas contradictorias del gobierno que debe defender los intereses económicos de sus patrocinadores, se encubre, como también su política fallida con las cárceles, las estupideces cometidas en los trámites para no pedir la extradición de Mancuso, los préstamos a Avianca, el recrudecimiento de la violencia, etc., etc.,  se encubre, repito, con las temáticas de la excarcelación  de Uribe y con el refrito de la muerte de Alvaro Gómez. Vuelve y sigue el circo: Betty la Fea, Pedro el escamoso, Diomedes, pasión de gavilanes, San Tropel, y todos nosotros, o al menos la mayoría, cayéndole en tropel como gallinazos a tanta carroña. Ojalá que las cosas hayan cambiado cuando esto aparezca, pero creyendo que no será así, me atrevo a escribirlas. Pásenla por inocentes! 

Domingo 27 de Diciembre, LA SAGRADA FAMILIA: Lucas 2, 22-40 

 Primer Domingo después de la Navidad: La Sagrada familia. Bien colocada aquí esta fiesta, ¿verdad? Es que sin familia, aunque sea de paso, nadie se cría. Claro está  que  hay familias y familias.  En algunas, quizás hoy en muchas, hace falta el amor y el cariño. Y no estoy  pensando con nostalgia en la familia tradicional que se rompió como tantas otras cosas en este mundo, sino en las muchas variaciones o pedazos de ese paradigma roto que no gustan a los puristas de la moral anclados el pasado. Aunque parezcan pedazos - y quizás lo sean- de ese paradigma, padre, madre hijos, y hoy aparezca como madre e hijo, abuela y nietos, tía y sobrino, y otras tantas variaciones, todas son la son la familia de hoy. Y lo importante, por encima de los lamentos y los juicios, es que en  ellos haya amor, cariño, caricia, compasión. No olvido unos  versos del Maestro Valencia,  el que no llegó a Presidente pero fue poeta, y cuyo hijo sí llegó a Presidente pero carente de toda poesía: “el hombre es como el huevo: en nidos de dolor será serpiente, y en nidos de piedad será paloma”. Jesús se crió y creció en un hogar que tampoco era tan convencional como creemos, si es cierto todo aquello de la encarnación del Hijo de Dios. Pero fue hogar, familia, Sagrada familia, donde Jesús aprendió a amar, a trabajar, a tener unos principios y unos sentimientos que lo llevaron a ser lo que fue, si creemos también que era realmente hombre. Jesús, José y María, os doy mi corazón y el alma mía. Jesús, José y María, asistidme en mi última agonía. Jesús, José y María, en ustedes descance en paz el alma mía. Amén. 

Sábado 26 de Diciembre, San Esteban, protomartir: Mateo 10, 17-22 

 Pluff! ..Hoy la liturgia nos somete a un aterrizaje forzoso. Después de los tutainas y de tantos gozos, de las cenas y los regalitos, como primer día después de Navidad nos presenta el asesinato de un testigo, de un líder. ¡Sí, así como suena!  Es que la fe en Jesús, creer en Él  y seguirlo, es algo serio. El testimonio de la verdad en medio de un mundo acomodado a la injusticia, crea contradicción, persecución y hasta martirio. Esteban fue el primero, después de Jesús. Es el protomartir. Protomartir significa primero de los mártires. Después han seguido, a lo largo de la historia, miles y miles. Hoy se siguen sacrificando en muchas partes, no solo por profesar y testimoniar la fe en sentido estricto, sino por ser testigos de la verdad y luchadores por la justicia. Para Dios es lo mismo. Entre nosotros su sacrificio se llama masacre de líderes sociales. 

Viernes 25 de Diciembre:  Navidad: Juan 1, 1-18 

 La Palabra es Jesús, el mismísimo Hijo de Dios. Es el poder creador. El Génesis no habla del Big Bang como explosión cósmica, sino que relata el Big Bang como una implosión desde el Creador que, mediante la Palabra,  hizo nacer el Cosmos. Todo fue hecho por ella. Y esa Palabra eterna se hizo carne humana en el vientre de María, y habitó entre nosotros. Vino a su casa, débil y pequeño, sin hacer alarde de ser el creador y el dueño, y los suyos no lo recibieron. Y sigue viniendo, discreto como siempre, tocando a nuestra puerta y llamándonos. “ Si alguno oye mi voz y me abre la puerta, entraré en su casa y cenaré con él y él conmigo» ¿Tenemos más de una silla vacía, ¿verdad? Le permitimos sentarse hoy a nuestra mesa? Nos abrirá los ojos,  nos hará querernos más, nos renovará en la esperanza. Será Navidad. 

Jueves 24 de Diciembre: Nochebuena en tiempos de Pandemia: Lucas 2, 1-14 

 El año pasado estaba por mi casa, en Bucaramanga, donde pasé todo el mes de  Diciembre y parte de Enero debido a la enfermedad de un hermano, que gracias a Dios salió a adelante. La Nochebuena, además de triste fue muy hermosa. Después de las siete de la noche lo dejé en la Clínica, sin más despedida que apretarle suavemente el antebrazo. “Feliz Navidad”hubiera sonado a burla y además era impronunciable por el nudo en la garganta. Solo hubo lugar para el llanto al salir de la habitación buscando mecánicamente la salida. Hacía tres meses había muerto el hermano mayor, a escasos cuatro días de la muerte de su suegra, quien había sido como una segunda mamá para todos. Los hermanos nos reunimos en la casa de la hermana mayor con sus hijos y con tres de las hijas de la mamá Virginia, la suegra de mi hermano. Celebramos la Eucaristía frente al pesebre, en penumbra, en mucho silencio, casi a oscuras, con la única luz que lo iluminaba. Hicimos la Novena y cantamos villancicos y los gozos. También lloramos. Algo me dice que estuvimos más cercanos a lo sucedido en Belén. Después cenamos con tamales. Este año todos la viviremos en la intimidad, la sencillez y el recato. Todos estaremos más cerca de Belén, con  el dolor y la alegría del advenimiento de Dios en la penumbra, en medio de la pandemia, casi a oscuras, de frente al pesebre. Todo será más sencillo, más íntimo, más auténtico. Y cenaremos juntos. ¡Gloria a Dios en el cielo y paz en la tierra a los hombres que ama el Señor!. ¡Feliz Navidad! 

Miércoles 23 de Diciembre, Octavo día de la Novena al Niño Jesús en tiempos de Pandemia: Lucas 1, 57-66 

 Repetir siempre lo mismo y lo mismo, es como estar mudos porque ya nadie lo oye: “A palabras necias oídos sordos”. Es igual que las cantaletas,  con las cuales y sin las cuales todo sigue igual. Pues bien, el viejo Zacarías volvió a hablar cuando fue capaz de romper con aquella vieja tradición de que el hijo debía llevar su nombre. Su hijo era distinto a él y se llamaría Juan. Lo nuevo no es lo viejo, vino nuevo en odres nuevos. Todos estamos esperando el fin de la pandemia. Sabemos que vendrá, pero el cuándo no lo sabemos. ¿Qué esperamos para entonces? Volver a lo mismo? ¿Tanto sufrimiento y tanta espera para volver a lo mismo que es lo que ha producido las desigualdades e injusticias tan grandes que la pandemia nos ha hecho ver? ¡Carajo, al menos pensemos un poco!  Dulce Jesús mío, mi Niño adorado,  ven a nuestras almas, ven no tardes tanto.  Oh lumbre de oriente, sol  de eternos rayos, que entre las tinieblas tu esplendor veamos. Niño tan precioso, dicha del cristiano, luzca la sonrisa de tus dulces labios. 

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