Martes 11 de Mayo: Juan 16, 5-11
“Les conviene que yo me vaya” Hay padres que no dejan ir a los hijos. Los hijos necesitan sentirse seres individuales, independientes de sus padres, con diferentes opiniones, creencias y valores. Así es como construyen su propia identidad y se encaminan hacia la vida adulta. El problema viene cuando los padres no permiten que este desarrollo natural se produzca. Es entonces, cuando atan a sus hijos, queriendo que no se separen de su lado, o que hagan como ellos. Cuando llega la adolescencia surgen los primeros conflictos. Es el inicio de la separación emocional, el cambio esperado para un desarrollo adecuado. Algunos padres la viven con preocupación y sufrimiento. Se trata de familias que bajo el disfraz del amor, poseen y atrapan a los hijos: te invitamos a comer, te regalamos una nevera, te ordenamos la habitación, te compramos ropa…te lo damos todo para que así no tengas ganas de irte hijo. En realidad, estos padres pueden suplir su falta de amor con la necesidad de tener a sus hijos cerca. Hay algunos padres que desde ese momento van cortando las alas a sus hijos para que nunca vuelen y les abandonen, para que nunca se alejen del hogar, que no se vayan del nido. Es decir, son padres que no dejan ir a sus hijos y los mantienen “secuestrados” para que suplan sus propias carencias emocionales. Los hijos por su parte, cuando no logran independizarse emocionalmente de los padres, se sienten culpables por tener una vida propia, alejada de su familia de origen. Hay madres que se sienten amenazadas porque su hijo está conociendo a alguien, y padres que se sienten amenazados porque el hijo quiere irse a estudiar al extranjero y eso supone no tenerlo cerca. Esta dinámica de dependencia se construye por ambas partes. Por un lado, los padres por el miedo a la soledad de no estar con los hijos. Por otro, los hijos porque han sido entrenados a no poder vivir sin los padres. Esto da paso a un sentimiento de vulnerabilidad cuando una de las dos partes se aleja e intenta hacer su propia vida. Vale la pena guardar este pensamiento de Lao Tzu: “Cuando dejo ir lo que soy, me convierto en lo que podría ser. Cuando dejo ir lo que tengo, recibo lo que necesito”. “Les conviene que yo me vaya”
Lunes 10 de Mayo: Juan 15,26 - 16,4a
"Serán expulsados de las comunidades; más aún, se acerca el tiempo en que cualquiera que los mate pensará que está sirviendo a Dios. Y actuarán así porque no conocen ni al Padre ni a mí. Se lo advierto de antemano, para que cuando llegue la hora, recuerden que se lo había dicho. " Todo esto en nuestro ambiente suena a cuento chino, verdad? Pensamos que son cosas de otras épocas y para otra clase de cristianos. No tiene que ver con nosotros. De golpe o por casualidad oímos que una monja colombiana está secuestraba en Malí, África, desde febrero de 2017 por un grupo yihadista, decimos pobrecita y pronto la olvidamos. De vez en cuando leemos que los cristianos son perseguidos en China, Vietnam, Corea del Norte, India y Sri Lanka, y bien poco que nos importa. Si en Colombia algún pastor se atreve a decir algo que no gusta o choca con el establecimiento, es un comunista, pero a cualquier cura farandulero lo convertimos en ídolo y en estrella de televisión. Llegamos a ser inocuos, y no hablo solo del clero. Los cristianos hemos perdido el sabor. Fuimos domesticados por un sistema inequitativo e injusto que nos llenó de privilegios, nos hizo sentir mejores que los demás y nos convirtió en muellles e inofensivos, en perritos falderos. Nos llenamos de devociones, de ritos y de fórmulas, pero perdimos el ardor primero, la razón de ser. Nos quedamos espiritualizando las bienaventuranzas y olvidando los ayes de Lucas: " ¡Pobres de ustedes, los ricos, porque tienen ya su consuelo! ¡Pobres de ustedes, los que ahora están satisfechos, porque después tendrán hambre! ¡Pobres de ustedes, los que ahora ríen, porque van a llorar de pena! ¡Pobres de ustedes, cuando todos hablen bien de ustedes, porque de esa misma manera trataron a los falsos profetas en tiempos de sus antepasados!"... Dios nos perdone.
Domingo 9 de Mayo: Juan 15, 9- 17
Hoy la liturgia nos trae unidos en el Evangelio los dos Evangelios que nos propuso el jueves y viernes pasados. A eso llegan los Intrígulis de los entendidos, es decir, las intenciones o razones ocultas de los expertos: En aras de la ortodoxia, de lo correcto previamente establecido, se sacrifica la creatividad que requieren los imprevistos de la vida. Eso, además de llevarnos a obedecer por respetuosos, nos causa un poquito de risa socarrona, disimulada, solapada, medió burlona, muy de acuerdo con el tema de la alegría que subyace en todo el relato evangélico que acabamos de oír: Alegría de la buena, de la que existe camuflada, socarronamente presente en el dolor de la entrega por quien se ama. Hoy, sometiéndonos a los caprichos de los liturgistas oficiales que prefieren repetir a innovar, disimuladamente sonreímos con Jesús cuando oye su sentencia de muerte, o cuando muerto lleva en sus labios hacia la tumba un rictus parecido al de la Monalisa, que no oculta el dolor pero que muestra también una enigmática sonrisa, algo así como una imperceptible mamaderita de gallo.
Sábado 8 de Mayo: Juan 15, 18-21
“El servidor no es más que su patrón” dice el Señor. Nosotros sabemos lo que hizo el patrón y lo que quiere. Pero no me refiero al patrón colombiano, al que murió en un tejado acribillado en Medellín, sino a otro, al que crucificaron en el Calvario, al que no quiso decirnos siervos sino amigos, al que dio la vida por nosotros. “Si a mí me persiguieron -prosigue el Señor- también los perseguirán a ustedes.” Si nos miramos ante este patrón o criterio que nos ofrece el patrón, y vemos que para todo el mundo es lo mismo que creamos o no, porque no promovemos nada ni incomodamos a nadie, qué podemos concluir honestamente? ¿Habremos desvirtuado el evangelio? ¿Somos cristianos de nombre pero nada más? Vuelven a mi mente y me permito volver a recordarles dos críticas, a mi parecer las mayores que se han hecho a la religión cristiana: la de Marx, que no mirando el evangelio sino el comportamiento de los cristianos de su tiempo, concluye que la religión aliena y se hace opio, y la de Gandhi, que mirando asombrado el evangelio pregunta: “¿Dónde están los cristianos?”
Viernes 7 de Mayo: Juan 15, 12- 17
Qué fácil es decirnos o considerarnos hermanos, ¿verdad? ¿Pero será posible serlo, cuando no somos ni amigos? Me pregunto esto porque el Señor nos dice en el Evangelio que acabamos de oír: “Los llamo amigos porque les he dado a conocer lo que soy”. Esa es la esencia de la amistad: la transparencia. ¿Realmente somos amigos porque nos conocemos, porque somos de la familia o porque vivimos juntos? Sabe “mi amigo”, mi “hermano”, mi “esposo” o mi “esposa”, lo qué hay en mi corazón o en mi bolsillo?, ¿Conozco su dolor? ¿Saben mi sueño? ¿Conozco sus desvelos? Con la palabra “amigo” ha pasado lo que con la palabra “paz” y la palabra “amor” : Se han devaluado. Hacer la paz es algo más que pintar palomas, ganar la guerra, mutua no agresión, guerra fría o sumisión. Hacer el amor es algo más que endulzar el oído o aparearse. Ser amigos algo más que buenas relaciones, complicidades y halagos mutuos. La necesidad del otro no es amistad, pero si presupuesto de la misma. El estar con el otro, conocernos y confiar es amistad. La amistad lleva al amor y el amor a dar la vida por el amigo. No hay amor más grande.
Jueves 6 de Mayo: Juan 15, 9-11
¿Oímos la Oda a la Alegría en su versión Cuarentena? Beethoven, el que la compuso, nunca la oyó, solo supo imaginarla en el confinamiento de su sordera. Estoy pensando en Nancy, una amiga, ingeniera ella, sorda de nacimiento, que recibe diariamente los textos de nuestros audios. Sé que ella la imagina y la siente a su manera. "Les he dicho todas estas cosas para que mi alegría esté en ustedes y su alegría sea completa." https://youtu.be/-NXd3SOCKjA
Miércoles 5 de Mayo: Juan 15, 1-8
El domingo pasado 2 de Mayo, hace escasos tres dias, la liturgia en su caprichosa sabiduría nos presentó el mismo evangelio. “Como el sarmiento no puede dar fruto por sí, si no permanece en la vid, así tampoco vosotros, si no permanecéis en mí. Porque sin mí no podéis hacer nada.” María José Roldán, maestra y psicopedagoga, nos habla de la importancia del cordón umbilical, que nosotros podemos usar como analogía para comprender el evangelio de hoy. Oigamos algunos apartes: “Puede parecer un trozo de carne de poco más de 56 cm pero es mucho más de lo que te imaginas. El cordón umbilical tiene la función principal de unir al bebé en desarrollo con su madre, y es absolutamente esencial para mantener al bebé en vida dentro del útero. Un extremo del cordón umbilical está unido al bebé y el otro a la placenta, que se encuentra muy cerca de la pared del útero lo que permite la transferencia de alimento entre la madre y el bebé y al mismo tiempo se garantiza que no se mezcle con la sangre. A través de la placenta, el oxígeno y los nutrientes encuentran el camino para alimentar al bebé, mientras que el dióxido de carbono y los productos de desecho viajan en la dirección opuesta a la madre y se excretan. El cordón umbilical es imprescindible para mantener vivo al bebé. Sus células tienen un gran potencial casi milagroso porque pueden convertirse en cualquier tipo de células del cuerpo, de la piel, del tejido nervioso de las células que conforman el corazón o el riñón. Ha habido muchas investigaciones para saber cómo utilizar mejor las células que contienen los cordones umbilicales para poder curar enfermedades como la leucemia infantil, pero también se dan para otros usos como el tratamiento de las lesiones de la médula espinal, enfermedades del corazón y las enfermedades cerebrales. Por este motivo algunos padres optan por guardar la sangre del cordón umbilical en bancos privados o gubernamentales. Como has podido comprobar, el cordón umbilical es mucho más que un simple cordón, es una fuente de vida que une a la madre con el bebé para que se pueda dar el milagro de la vida. Realmente considero que el cordón umbilical es la naturaleza en estado puro, es el generador de vida en los mamíferos, es lo que nos ayuda a que nuestra especie pueda seguir naciendo y evolucionando en nuestro mundo. Y si todos nos parásemos a pensar en la importancia que tiene la vida y la evolución de las especies respetaríamos más la vida humana y de cualquier ser vivo. La naturaleza es sabia y el cordón umbilical es la mejor prueba de ello.
Martes 4 de Mayo: Juan 14, 6-14
“¿Tanto tiempo conmigo, Felipe, y no me conoces?” Cuando llevamos algún tiempo viviendo juntos tendemos a creer que ya sabemos todo sobre el otro y dejamos la curiosidad, el observar, las preguntas. Creemos que lo sabemos todo y esa actitud nos lleva a distanciarnos, a hacernos poco a poco extraños, a sacar conclusiones falsas y a sentirnos solos. Hoy están de moda en periódicos y revistas, unos dibujos parecidos pero cada uno con características especiales. El escoger uno u otro dizque muestra rasgos específicos de nuestra personalidad. Creo que todos secretamente lo hacemos de vez en cuando. Todos dicen cosas muy bonitas de nuestra personalidad y quedamos en el fondo conformes y alegres. Esto significa dos cosas: primero, no sabemos bien cómo somos, y segundo, necesitamos halagos. ¿Si no acabamos de conocernos o no sabemos bien lo que somos, cómo pretendemos conocer bien al otro? El confinamiento creado por la pandemia nos ha llevado a compartir más tiempo y más de cerca con las personas que comparten realmente nuestra vida. ¿Será bueno volver a la curiosidad, a la observación, a las preguntas, al detalle, al halago, a la caricia? No hay mal que por bien no venga, reza un refrán, y otro dice que Dios escribe derecho en renglones torcidos. ¡Ojos, oídos, palabras y manos a la obra, pues!
Lunes 3 de Mayo, Exaltación de la Santa Cruz: Juan 3, 13-17
Cuenta la primera lectura de la liturgia de hoy que cuando el pueblo de Israel atravesando el desierto fue atacado por serpientes venenosas, Moisés hizo un estandarte con una serpiente de bronce y si alguien que había sido mordido la miraba, quedaba sano. El relato, además de mostrarnos un acto de idolatría por parte de Moisés inspirado en las religiones cananeas - en la desesperación se acude a todo- es también un símbolo de Jesús crucificado, como verdadera salvación. Hoy se celebra la fiesta de la Exaltación de la Santa Cruz. Al igual que para los musulmanes su señal y símbolo es la media luna o para los judíos la estrella de David, para los cristianos la señal es la Santa Cruz, porque en ella murió nuestro Señor Jesucristo para redimir a todos los hombres. La muerte por crucifixión era la pena capital según la ley romana, al igual que entre los judíos de aquel tiempo lo era la lapidación. Era una muerte lenta por agotamiento o por desangramiento y asfixia. Sin embargo, a pesar de todo esto, Jesús se sometió “libremente” a esta muerte como momento supremo de su ofrenda. TE ADORAMOS OH CRISTO Y TE BENDECIMOS, QUE POR TU SANTA CRUZ REDIMISTE AL MUNDO.
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